Tabernáculo


Tabernáculo: (en hebreo, ojel que significa tienda; y miscan que significa morada). Tienda de campaña, santuario portátil que cobijaba el arca del Pacto. Sirvió a Israel desde su construcción en el Sinaí (Ex 19.1), hasta la construcción del Templo de Salomón.

El Tabernáculo

Se le conoce por los siguientes nombres:

1. «Tabernáculo» (en hebreo, morada), Ex 40.34, 35.

2. «Tabernáculo del testimonio», tal vez como referencia al arca que guardaba las tablas de la Ley.

3. «Tabernáculo de reunión» (Ex 40.34–35), para indicar que era el punto en torno al que se debía congregar Israel.

4. «Casa de Jehová» (Ex 34.26).

5. «Tabernáculo (en hebreo, tienda) de Jehová (1 R 2.28).

Simbolizaba esencialmente la presencia de Jehová en medio del Pueblo. Cuando Israel adoró el becerro de oro y despertó así la ira de Jehová, Moisés sacó el tabernáculo fuera del campamento (Ex 33.7), simbolizando así el alejamiento de Dios. Cuando se reanudó la marcha del pueblo nuevamente consagrado a Jehová, el tabernáculo se instaló en medio, con seis tribus delante y seis tribus detrás (Nm 2.17).

A este simbolismo de la morada de Dios en medio de su pueblo (Ex 25.8) se hace referencia al hablarse de la encarnación del Verbo que «habitó (en griego, puso tabernáculo) entre nosotros» (jn 1.14).

El libro de Éxodo, especialmente en los caps. 25–31, describe con lujo de detalles los materiales empleados y las dimensiones básicas. El tiempo y las guerras destrozaron el tabernáculo original. De ahí que hubo necesidad de un segundo tabernáculo en tiempos de David (2 S 6.17). En el pacto de Dios con David, Dios le recuerda que ha andado en tienda y en tabernáculo (2 S 7.6; 1 CR 17.5).

El tabernáculo se construyó principalmente con materiales que se encontraban en el desierto, complementados con el producto del despojo de los egipcios al efectuarse el éxodo. Lo cubrían tres cortinas (Ex 26). La primera se componía de once piezas tejidas de pelos de cabras, cada una medía trece metros y medio de largo por un metro ochenta de ancho. Con ella se formaban dos grandes paños de cinco y seis cortinas, respectivamente, que se unió con lazadas y corchetes. La segunda cortina estaba formada con pieles de carnero teñidas de rojo. La tercera estaba hecha de pieles de tejones (halicore dulong), mamífero marino que abunda en el mar Rojo. Estas dos últimas cubiertas medían dieciocho por trece metros y medio cada una. La primera cortina, pues, era un metro ochenta más extensa que las dos últimas.

El recinto del tabernáculo tenía trece metros y medio de norte a sur. Las paredes de cuarenta y ocho tablas estaban recubiertas por láminas de oro y las sostenían cuarenta basas de plata en los costados y dieciséis en los otros dos lados. Exteriormente la cubrían diez cortinas de lino torcido, azul, púrpura y carmesí y con adornos de Querubines bordados. Estaban unidas entre sí en dos paños de cinco cortinas cada uno.

El recinto estaba dividido en dos partes (Ex 26.31–33), separadas entre sí por un velo de cuatro colores artísticamente tejido y adornado con querubines. El velo, por medio de anillos de oro, colgaba de cuatro columnas de acacia cubiertas de oro. A un lado del velo estaba el Lugar Santo. En él estaban el Altar del incienso en el que se ofrecía el incienso cada mañana y tarde (Éx 30.6–10; 40.26, 27; 30.7, 8), la • Mesa de los Panes de la proposición y el • Candelero de oro. Al Lugar Santo solo podían entrar los sacerdotes (Heb 9.6).

Detrás del velo estaba el Lugar Santísimo donde solo el Sumo sacerdote podía entrar, y eso solo una vez al año (Heb 9.7). Allí estaba el arca (• Arca del pacto) cubierta con el propiciatorio sobre la que había dos • Querubines de oro en actitud de adoración.

El tabernáculo estaba diseñado para desarmarlo y transportarlo cuando las circunstancias lo requirieran. Esto era indispensable en la marcha por el desierto y aun en Canaán.

El tabernáculo lo armaban en un patio o • Atrio cuadrangular de unos 45 m por 22.50 y se orientaba de este a oeste (Ex 27.18). El atrio no tenía techo, estaba limitado por 60 columnas de metal con capiteles de plata fundados sobre basas de cobre (Ex 38.10, 17, 20). Estas columnas servían para colgar las cortinas que cercaban el atrio y que eran de lino blanco torcido (Ex 27.9; 38.9, 16), salvo la parte oriental que era de lino torcido de colores azul, púrpura, carmesí y blanco (Ex 27.16; 38.18).

En este patio estaba el • Altar del holocausto delante de la entrada del tabernáculo (Ex 40.6). Entre el altar y el tabernáculo estaba la • Fuente de las abluciones. El sacerdote ofrecía el sacrificio sobre el altar, se purificaba en la fuente y luego podía entrar en el Lugar Santo (Ex 40.7).

Se estableció un orden para que las tribus acamparan en torno al tabernáculo. Tres tribus acampaban a cada lado. La tribu del centro de cada trío servía para dominar su lado: Judá al este, Efraín al oeste, Rubén al sur y Dan al norte. Este orden sugiere una disminución de santidad desde el centro hacia el exterior. En el centro espiritual del tabernáculo, el Lugar Santísimo, sobre el arca, estaba la silla de la misericordia (propiciatorio); después, fuera del velo, el Lugar Santo; después, el patio. Luego, fuera del patio estaban primero los sacerdotes y los Levitas, y finalmente el campamento principal.

El mismo simbolismo se ve en el uso de los metales. En el Lugar Santísimo se usó oro fino para simbolizar santidad. De allí hacia el exterior, a medida que se aleja del centro de la presencia de Jehová, se disminuye la santidad, la que está simbolizada por el uso de metales de calidad decreciente: oro fino, oro ordinario, plata y finalmente bronce. También hay cierto simbolismo numérico como: el 3, divinidad; el 4, humanidad, el 7 y el 10, perfección, calidad de completo. Esta perfección y santidad gradual explica por qué el pueblo pudo llegar solamente hasta el patio, los sacerdotes hasta el Lugar Santo y solo el sumo sacerdote al Lugar Santísimo.

La columna de fuego en la noche o de • Nube en el día era lo que dirigía los movimientos del tabernáculo. Si el tabernáculo debía permanecer estacionado, la nube se ubicaba sobre él. Si había que marchar, la nube se elevaba y marcaba el rumbo a seguir hasta cuando su detención señalaba la llegada a una nueva estación. Al tener que levantar el campamento, los sacerdotes desarmaban el tabernáculo y lo cubrían cuidadosamente, y los levitas lo transportaban según un orden establecido (Nm 3.25–37).

La Epístola a los Hebreos da una interpretación inspirada del tabernáculo y su simbolismo (Heb 8–10). Juan alude al simbolismo de la presencia de Dios en medio de su pueblo cuando dice literalmente que el Verbo «puso tabernáculo entre nosotros» (jn 1.14).

En la visión final de Ap 21.3, aparece nuevamente la idea de Dios morando definitivamente con los hombres. La suprema realidad de su presencia supera la necesidad de descripción de su morada (Ap 21.22).

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Tabernáculo


Tabernáculo: (en hebreo, ojel que significa tienda; y miscan que significa morada). Tienda de campaña, santuario portátil que cobijaba el arca del Pacto. Sirvió a Israel desde su construcción en el Sinaí (Ex 19.1), hasta la construcción del Templo de Salomón.

Se le conoce por los siguientes nombres:

1. «Tabernáculo» (en hebreo, morada), Ex 40.34, 35.

2. «Tabernáculo del testimonio», tal vez como referencia al arca que guardaba las tablas de la Ley.

3. «Tabernáculo de reunión» (Ex 40.34–35), para indicar que era el punto en torno al que se debía congregar Israel.

4. «Casa de Jehová» (Ex 34.26).

5. «Tabernáculo (en hebreo, tienda) de Jehová (1 R 2.28).

Simbolizaba esencialmente la presencia de Jehová en medio del Pueblo. Cuando Israel adoró el becerro de oro yTabernaculo
despertó así la ira de Jehová, Moisés sacó el tabernáculo fuera del campamento (Ex 33.7), simbolizando así el alejamiento de Dios. Cuando se reanudó la marcha del pueblo nuevamente consagrado a Jehová, el tabernáculo se instaló en medio, con seis tribus delante y seis tribus detrás (Nm 2.17).

A este simbolismo de la morada de Dios en medio de su pueblo (Ex 25.8) se hace referencia al hablarse de la encarnación del Verbo que «habitó (en griego, puso tabernáculo) entre nosotros» (jn 1.14).

El libro de Éxodo, especialmente en los caps. 25–31, describe con lujo de detalles los materiales empleados y las dimensiones básicas. El tiempo y las guerras destrozaron el tabernáculo original. De ahí que hubo necesidad de un segundo tabernáculo en tiempos de David (2 S 6.17). En el pacto de Dios con David, Dios le recuerda que ha andado en tienda y en tabernáculo (2 S 7.6; 1 CR 17.5).

El tabernáculo se construyó principalmente con materiales que se encontraban en el desierto, complementados con el producto del despojo de los egipcios al efectuarse el éxodo. Lo cubrían tres cortinas (Ex 26). La primera se componía de once piezas tejidas de pelos de cabras, cada una medía trece metros y medio de largo por un metro ochenta de ancho. Con ella se formaban dos grandes paños de cinco y seis cortinas, respectivamente, que se unió con lazadas y corchetes. La segunda cortina estaba formada con pieles de carnero teñidas de rojo. La tercera estaba hecha de pieles de tejones (halicore dulong), mamífero marino que abunda en el mar Rojo. Estas dos últimas cubiertas medían dieciocho por trece metros y medio cada una. La primera cortina, pues, era un metro ochenta más extensa que las dos últimas.

El recinto del tabernáculo tenía trece metros y medio de norte a sur. Las paredes de cuarenta y ocho tablas estaban

El Tabernáculo, que era portable, fué reemplazado por un templo en Jerusalém. Su composición y funciones siguen siendo las mismas

recubiertas por láminas de oro y las sostenían cuarenta basas de plata en los costados y dieciséis en los otros dos lados. Exteriormente la cubrían diez cortinas de lino torcido, azul, púrpura y carmesí y con adornos de Querubines bordados. Estaban unidas entre sí en dos paños de cinco cortinas cada uno.

El recinto estaba dividido en dos partes (Ex 26.31–33), separadas entre sí por un velo de cuatro colores artísticamente tejido y adornado con querubines. El velo, por medio de anillos de oro, colgaba de cuatro columnas de acacia cubiertas de oro. A un lado del velo estaba el Lugar Santo. En él estaban el Altar del incienso en el que se ofrecía el incienso cada mañana y tarde (Ex 30.6–10; 40.26, 27; 30.7, 8), la • Mesa de los Panes de la proposición y el • Candelero de oro. Al Lugar Santo solo podían entrar los sacerdotes (Heb 9.6).

Detrás del velo estaba el Lugar Santísimo donde solo el Sumo sacerdote podía entrar, y eso solo una vez al año (Heb 9.7). Allí estaba el arca (• Arca del pacto) cubierta con el propiciatorio sobre la que había dos • Querubines de oro en actitud de adoración.

El tabernáculo estaba diseñado para desarmarlo y transportarlo cuando las circunstancias lo requirieran. Esto era indispensable en la marcha por el desierto y aun en Canaán.

El tabernáculo lo armaban en un patio o • Atrio cuadrangular de unos 45 m por 22.50 y se orientaba de este a oeste (Ex 27.18). El atrio no tenía techo, estaba limitado por 60 columnas de metal con capiteles de plata fundados sobre basas de cobre (Ex 38.10, 17, 20). Estas columnas servían para colgar las cortinas que cercaban el atrio y que eran de lino blanco torcido (Ex 27.9; 38.9, 16), salvo la parte oriental que era de lino torcido de colores azul, púrpura, carmesí y blanco (Ex 27.16; 38.18).

En este patio estaba el • Altar del holocausto delante de la entrada del tabernáculo (Ex 40.6). Entre el altar y el tabernáculo estaba la • Fuente de las abluciones. El sacerdote ofrecía el sacrificio sobre el altar, se purificaba en la fuente y luego podía entrar en el Lugar Santo (Ex 40.7).

Se estableció un orden para que las tribus acamparan en torno al tabernáculo. Tres tribus acampaban a cada lado. La tribu del centro de cada trío servía para dominar su lado: Judá al este, Efraín al oeste, Rubén al sur y Dan al norte. Este orden sugiere una disminución de santidad desde el centro hacia el exterior. En el centro espiritual del tabernáculo, el Lugar Santísimo, sobre el arca, estaba la silla de la misericordia (propiciatorio); después, fuera del velo, el Lugar Santo; después, el patio. Luego, fuera del patio estaban primero los sacerdotes y los Levitas, y finalmente el campamento principal.

El mismo simbolismo se ve en el uso de los metales. En el Lugar Santísimo se usó oro fino para simbolizar santidad. De allí hacia el exterior, a medida que se aleja del centro de la presencia de Jehová, se disminuye la santidad, la que está simbolizada por el uso de metales de calidad decreciente: oro fino, oro ordinario, plata y finalmente bronce. También hay cierto simbolismo numérico como: el 3, divinidad; el 4, humanidad, el 7 y el 10, perfección, calidad de completo. Esta perfección y santidad gradual explica por qué el pueblo pudo llegar solamente hasta el patio, los sacerdotes hasta el Lugar Santo y solo el sumo sacerdote al Lugar Santísimo.

La columna de fuego en la noche o de • Nube en el día era lo que dirigía los movimientos del tabernáculo. Si el tabernáculo debía permanecer estacionado, la nube se ubicaba sobre él. Si había que marchar, la nube se elevaba y marcaba el rumbo a seguir hasta cuando su detención señalaba la llegada a una nueva estación. Al tener que levantar el campamento, los sacerdotes desarmaban el tabernáculo y lo cubrían cuidadosamente, y los levitas lo transportaban según un orden establecido (Nm 3.25–37).

La Epístola a los Hebreos da una interpretación inspirada del tabernáculo y su simbolismo (Heb 8–10). Juan alude al simbolismo de la presencia de Dios en medio de su pueblo cuando dice literalmente que el Verbo «puso tabernáculo entre nosotros» (jn 1.14).

En la visión final de Ap 21.3, aparece nuevamente la idea de Dios morando definitivamente con los hombres. La suprema realidad de su presencia supera la necesidad de descripción de su morada (Ap 21.22).

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Altar


Altar: Lugar de sacrificio construido de roca, tierra o bronce. La superficie natural de una roca (Jue 13.19, 20), o un montón de piedras (Gn 8.20), podían servir de altar en la antigüedad. Algunas excavaciones han revelado que los altares tenían hoyos para recoger la sangre y encender el fuego. Según Ex 20.24–26, debían construirse de tierra amontonada o en forma de ladrillo, o de piedras no labradas. Los altares del campo no debían tener gradas para que el sacerdote no descubriera su desnudez al subirlas (Ex 20.26). Parece que estas instrucciones se les dieron a los israelitas como individuos para que realizaran Sacrificios en ciertas ocasiones. Por ejemplo, Josué, Jos 8.30, 31; Gedeón, Jue 6.24–26; David, 2 S 24.18–25, Elías 1 R 18.30–35.

Altar de Bronce para el holocausto

Mientras que en el mundo pagano el altar era principalmente la «Mesa» donde se ponía el banquete para el dios, por lo general este sentido está ausente en el Antiguo Testamento (is 65.11). El altar era, primero, señal de la presencia de Dios donde Él se había manifestado en forma especial (Gn 12.7; 26.24, 25). También era un lugar de misericordia. Un prófugo, al asirse de los cuernos del altar, encontraba asilo (1 R 2.28). Sin embargo, el propósito principal del altar era establecer y mantener la relación del Pacto entre el Pueblo de Israel y Dios (Ex 20.24; Lv 1.5, 16). Fue un instrumento de mediación.

El altar del holocausto estaba en el vestíbulo del Tabernáculo. Era cuadrangular, de madera de acacia, cubierto de bronce, con cuatro cuernos en los ángulos (Ex 27.1–8). Tenía cuatro anillos por los que pasaban las varas con que se portaba en el desierto. Parece que el altar del holocausto en el Templo de Salomón no los tenía. En el centro tenía una rejilla sobre la que se colocaba el sacrificio. Para el servicio del sacrificio, el altar tenía calderos de bronce para recoger la ceniza, tazones para recoger la sangre y otros instrumentos para arreglar el sacrificio, como paletas, garfios, y sus braseros, todo de bronce. Sobre el altar se ofrecía el holocausto y otros sacrificios por la mañana y por la tarde; nunca se apagaba el fuego (Lv 6.13).

El altar del incienso era pequeño (Ex 30.1–5; 37.25–28), de madera de acacia cubierta de oro, con cuatro cuernos y cuatro anillos para transportarlo. Se hallaba delante del velo que separaba el Lugar Santo del Santísimo; sobre este altar se ofrecía cada día el incienso aromático, por la mañana y por la noche, con la excepción del Día de Expiación (Lv 16.18, 19). Sobre los cuernos del altar se rociaba la sangre de un animal (Ex 30.10).

El altar, en sentido figurado, es el lugar de consagración (ro 12.1) donde el creyente demuestra en forma pública su absoluta dedicación a Dios (cf. Flp 4.18; Heb 13.15, 16; 1 P 2.5).

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Querubín


Querubín: Forma plural del vocablo hebreo querub (posiblemente originado del acádico karabu [bendecir u orar]), usada para referirse a ciertos dioses menores a veces representados con un animal alado con cabeza de hombre.

Los Querubines de la Biblia no son dioses ni reciben adoración; son seres celestiales que sirven a Dios. En Edén guardan «el camino del árbol de la vida» (Gn 3.24). Simbólicamente, guardaban los objetos sagrados en el Tabernáculo, pues sobre la cubierta del arca del Pacto se colocaron dos figuras de querubines cubiertas con oro. Las alas de estos querubines cubrían el propiciatorio, que era el trono al que Dios descendía en una Nube de gloria (Éx 25.22; Lv 16.2).

En la poesía israelita los querubines rodean o sostienen el trono de Dios (1 S 4.4; 2 S 6.2; 2 R 19.15; sal 80.1; 99.1; is 37.16). En ez 10 el trono de Dios es llevado por querubines. En otra figura poética, Jehová cabalga sobre un querubín (2 S 22.11; sal 18.10).

El Templo de Salomón se decoró con muchas lujosas representaciones de querubines (1 R 7.29, 36). Dos de ellos, hechos de olivo y cubiertos de oro, tenían 5 m de altura.

El Antiguo Testamento no describe claramente a los querubines, pero Ezequiel los vio en sus visiones con cuatro caras y cuatro alas cada uno, acompañados por muchas ruedas (ez 10.3–22; cf. 1.4–28.).

Los arqueólogos han descubierto varios artefactos que pueden tener semejanza con los querubines, pues en el Cercano Oriente antiguo las representaciones de seres alados eran comunes. En Samaria se encontró un grabado en marfil que tenía cuerpo de un animal cuadrúpedo, cara humana y alas. En Gebal (1200 a.C.) se encontró una escultura en la que dos figuras aladas sostienen el trono del rey.

Los querubines, pues, nos presentan otro caso donde la revelación bíblica usa imágenes y figuras comunes, y hasta elementos usados en la mitología, pero los usa con otro sentido y en una manera completamente desmitologizada.

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Arca del Pacto


Arca del Pacto: (arca del Señor, arca de Dios, arca de la alianza o arca del testimonio). Caja rectangular, de madera

 de acacia, que medía 112, 5 cm de largo por 67, 5 de ancho y alto. Estaba cubierta de oro por dentro y por fuera, y tenía cuatro anillos colocados en los ángulos, por los cuales pasaban dos varas de madera de acacia (también cubiertas de oro) con que se transportaba. Sobre el arca había una tapa de oro que se llamaba el «propiciatorio», encima del cual dos Querubines de oro se miraban frente a frente, de pie, con sus alas extendidas cubriendo el propiciatorio (Éx 25.10–22).

Dentro del arca se hallaban las dos tablas de la Ley (Éx 40.20; Dt 10.1–5), la vara de Aarón y una porción de maná (Heb 9.4, 5). El arca se colocó dentro del Lugar Santísimo tanto del Tabernáculo como del Templo de Salomón, tras el velo; era el único mueble allí.

Para el pueblo de Israel, el Arca del Pacto tenía un doble significado. En primer lugar se conceptuaba como trono de Dios (1 S 4.4; is 6.1). De una manera especial Dios moraba entre los querubines y desde allí en varias ocasiones se reveló a Moisés (Éx 25.21, 22; 30.36) y a Aarón (Lv 16.2; Jos 7.6). Sirvió como símbolo de la presencia divina entre el pueblo de Israel (Lv 16.2). Por eso en la peregrinación el arca iba delante guiando a los israelitas; por ejemplo, cuando cruzaron el Jordán (Jos 3.11–17). Cuando rodearon los muros de Jericó se llevó en medio del pueblo (Jos 6.4–13).

El segundo significado residía en la relación entre la Ley que estaba dentro del arca y la sangre rociada sobre el propiciatorio que la cubría en el Día de Expiación (Lv 16). El punto culminante en este día era la entrada del Sumo sacerdote en el Lugar Santísimo con la sangre del macho cabrío para rociar el propiciatorio. Era entonces cuando, en forma representativa, el pueblo entraba en la presencia de un Dios misericordioso y dispuesto a perdonar los pecados. El pueblo quedaba purificado para otro año (Lv 16.30) y el pacto seguía en vigencia.

Después de una larga trayectoria en el desierto, el arca descansó en Bet-el (Jue 20.27), durante la época de los jueces. Aparece en Silo en el tiempo del sumo sacerdote Elí (1 S 1.3; 3.3). Los israelitas creían que el arca tenía poderes mágicos. Por eso durante la guerra con los filisteos, la llevaron a la batalla, pensando que así se aseguraban la victoria (1 S 4.3–9). Sin embargo, perdieron la batalla y los filisteos llevaron el arca a Asdod. Como consecuencia de haberla puesto en sus templos, los filisteos padecieron siete meses de plagas (1 S 5), por lo cual colocaron el arca en un carro y la llevaron a Quiriat-jearim (1 S 6.1–7.2). Durante el reinado de David, este la guardó en una tienda en Jerusalén (2 S 6). Su hijo Salomón la puso en el nuevo templo (1 R 8). Después de la reforma de Josías, ya no se sabe más del arca (2 CR 35.3). Probablemente la destruyeron o perdieron durante la devastación de Jerusalén (587 a.C.).

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Propiciatorio


Propiciatorio: (En hebreo, caporet) jilasterion, la tapa o cubierta del arca de la alianza, significa el propiciatorio, llamado así por la Expiación que se hacía una vez al año en el gran día de la expiación (Heb 9.5). Para su forma, véase Éx 25.17-21. El término hebreo es kapporeth, la cubierta, significado relacionado con la cubierta o hecho de quitar el pecado (sal 32.1) mediante un sacrificio expiatorio. Este propiciatorio, junto con el arca, es señalado como el estrado de los pies de Dios (1 CR 28.2; cf. sal 99.5; 132.7). El Señor prometió estar presente sobre él y declararse a Moisés «de entre los dos Querubines que están sobre el arca del testimonio» (Éx 25.22; véase ). En la lxx el término epithema, que de sí mismo significa una cubierta, se añade a jilasterion; epithema era simplemente una traducción de kapporeth; por ello se añadió jilasterion, que no tiene este significado, y que esta esencialmente relacionado con Propiciación. Más tarde, jilasterion vino a significar ambas cosas. En 1 CR 28.11 el Lugar Santísimo recibe el nombre de «La Casa del Kapporeth».

Por su voluntario sacrificio de expiación, derramando su sangre, bajo el juicio divino sobre el pecado, y por su resurrección, Cristo ha venido a ser el propiciatorio para su Pueblo. Véase ro 3.25.

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Día de Expiación


El día santo más solemne de los judíos, que se celebraba el décimo día del séptimo mes. La Biblia especifica claramente lo que debía hacerse en este día (Lv 16; 23), como también su significación cristiana (Heb 9; 10). Esta era la única ocasión del año en que al • Sumo sacerdote se le permitía entrar al • Lugar Santísimo. Se quitaba sus vestimentas oficiales y se vestía humildemente de blanco; luego entraba llevando un incensario de oro y una vasija con incienso. Al poner incienso en los carbones encendidos, tomados previamente del Altar, una Nube de humo cubría el • Propiciatorio del • Arca del Pacto. De la sangre del becerro sacrificado para Expiación, el sacerdote tomaba con su dedo y rociaba siete veces el propiciatorio, para purificar el santuario y expiar los pecados del sacerdocio.

Luego, se echaban suertes sobre dos machos cabríos: uno era sacrificado, y con parte de la sangre entraba el sumo sacerdote nuevamente en el Lugar Santísimo; repetía la ceremonia del rociamiento y purificaba esta vez al Pueblo. Después ponía sus manos sobre la cabeza del otro macho cabrío, el de • Azazel, y el animal era llevado lejos, a un lugar desierto, donde se le perdía. Con esto se simbolizaba la expulsión de los pecados del pueblo. Todo el ceremonial de este día era un tipo de Cristo y de su obra vicaria, según la interpretación de la Epístola a los Hebreos. Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, ofreció el sacrificio de sí mismo, no por pecados suyos, sino por los nuestros; no entró en el Lugar Santísimo del Templo, sino en el cielo mismo; y su ofrenda propiciatoria no necesita repetirse cada año, sino que fue perfecta, única y completa.

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