Diezmos


Diezmos: La décima parte de las entradas o ganancias netas, dedicada a Dios para fines religiosos y como expresión de adoración a Él. La práctica de diezmar es muy antigua y se conoció aun entre los pueblos no hebreos. En la historia bíblica la primera mención que se hace de los diezmos es cuando • Abraham, después de haber logrado una victoria militar sobre cuatro reyes, dio los diezmos del botín a • Melquisedec, sacerdote del Dios Altísimo (Gn 14.17–20). No se nos dice quién instruyó a Abraham a hacerlo así, pero fácilmente podemos inferir que por el ejemplo de sus antepasados (cf. la ofrenda de • Abel, Gn 4.4) entendió que esta era una manera apropiada de reconocer la soberanía de Dios sobre todas las cosas. El sacerdote, en este caso, representaba a Dios y a la religión.

Este mismo principio, que sirve de base a la costumbre religiosa de dar los diezmos, aparece también en el Nuevo Testamento, no necesariamente en cuanto a la proporción de la décima parte, pero sí en cuanto a la motivación de adoración, gratitud y responsabilidad cristianas (2 co 9.7; Heb 7.1–10; cf. Lc 21.1–4).

Es en el sistema mosaico, sin embargo, donde sin duda Dios demanda de su Pueblo los diezmos de todo. Aunque no se anuncian castigos por no darlos, hay promesas de bendiciones por darlos (Dt 28.1–13; mal 3.10). Los diezmos son de Jehová y abarcaban la tierra y su producto y los animales del campo. Cuando por una razón especial alguien quería rescatar algo del Diezmo, debía agregar la quinta parte del precio (Lv 27.30–32). Los Escribas y los Fariseos fueron sumamente escrupulosos en diezmar aun hierbas diminutas como la menta, el eneldo y el comino, y merecieron la reprensión de nuestro Señor por el legalismo extremo, vacío de la debida motivación espiritual (mt 23.23).

Los israelitas debían dar los diezmos a los • Levitas, quienes eran la tribu sacerdotal del pueblo. Esto era la compensación a ellos por su Ministerio. Pero los levitas, a su vez, debían dedicar en ofrenda a Dios el diezmo de los diezmos, presentándolo delante de • Aarón (Nm 18.21–28). El principio detrás de esta práctica rige para el sostén económico de la obra del evangelio, pues Pablo dice que «ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio» (1 co 9.11–14).

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Lavamiento


Pese a la escasez de agua en las tierras bíblicas, toda persona respetable procuraba la limpieza del cuerpo. Era norma lavarse las manos antes y después de comer. Como los caminos eran polvorientos, los caminantes debían lavarse los pies antes de entrar en una casa. Este era trabajo de esclavos o de siervos inferiores (jn 2.6; 13.5). El descuido de esta atención constituía una grave descortesía por parte del anfitrión (Lc 7.44).

Uso ritual y simbólico en el Antiguo Testamento

Pasajes como Lv 15 muestran lo imperioso que era para un israelita el Lavamiento de todo el cuerpo, cuando se veía involucrado en algún acto o circunstancia que lo hacía ceremonialmente inmundo. Sin esta limpieza no podía participar en actividades de carácter religioso (Ex 19.10; cf. Heb 9.13). El lavamiento tenía especial importancia en la consagración y el servicio de los sacerdotes (• Sacerdote; Lv 8.6). El lavacro (o Fuente) de bronce (Ex 30.17–21) se colocaba entre el Altar de holocaustos y la puerta del • Tabernáculo, y era indispensable para el lavamiento de los sacerdotes antes y después de sus actos rituales.

Aparte de la higiene, en el Antiguo Testamento el lavamiento contrastaba lo inmundo de las personas con lo consagrado al servicio a Dios. El agua borraba las impurezas físicas y, a la vez, representaba la purificación de la persona. Así lo entendían David (sal 26.6; 51.7) e Isaías (is 1.16), sin dejar de comprender que el lavamiento era obra de la Gracia de Dios a favor del pecador arrepentido.

El uso figurado en el Nuevo Testamento

El Antiguo Testamento nos prepara para comprender el uso de los verbos griegos louo (bañarse) y nipto (lavar, por ejemplo, manos y pies) en el Nuevo Testamento. El Maestro desechó la actitud de los Fariseos, para quienes el lavamiento externo era esencial y la pureza del corazón carecía de importancia (mt 7.1–23; Lc 11.39–41).

Inevitablemente el lavamiento se asocia con los conceptos de limpieza y de santificación (• Bautismo). Pablo describe la vida viciosa de los gentiles en Corinto y añade: «Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados … en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios» (1 co 6.11). El nombre del Señor Jesús (su persona, autoridad y obra), la potencia del Espíritu Santo, la verdad de Dios en su Palabra (jn 17.17), el lavamiento «del agua por la Palabra» (Ef 5.26), la regeneración y la renovación en el Espíritu Santo (Tit 3.5) conducen a la verdadera limpieza. Los redimidos de Ap 7.13, 14 emblanquecieron sus ropas «en la sangre del Cordero».

La conversación entre el Señor y Pedro, en la ocasión del lavado de los pies (jn 13.6–10), muestra que el creyente «bañado» (verbo, en griego louo) «no necesita sino lavarse (verbo, nipto) los pies», o sea, limpiar frecuentemente las manchas pecaminosas por los medios ya notados. El Señor en esta ocasión no instituía una ordenanza, sino que señalaba el camino del servicio humilde para todos.

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Escriba


Escriba: Persona cuya profesión era estudiar detalladamente las • Escrituras. Originalmente el escriba era una persona que llevaba registros escritos. Algunas veces el Antiguo Testamento emplea el término con este sentido (por ejemplo, jer 36.26; ez 9.2). Pero durante el cautiverio cambió radicalmente el carácter de la religión de Israel y los Escribas llegaron a tener mayor importancia. Antes del cautiverio el centro de la religión de Israel era el Templo, con su ritual y sus Sacrificios. Durante el cautiverio, puesto que no era posible acudir al templo (que en todo caso lo habían destruido), el Pueblo tendió a estudiar asiduamente el texto de la • Ley y los antiguos relatos del éxodo y la conquista.

Escribas

Los escribas debían estar muy atentos a la hora de copiar manuscritos. Como resultado de esto, muchos eran personas de gran conocimiento

Estos escritos, a falta del templo, le dieron coherencia al pueblo cautivo, pero necesitaron estudio, interpretación y diseminación, tarea que los escribas cumplieron cabalmente. Recopilaron los materiales dispersos que a la larga vinieron a formar el Antiguo Testamento; los copiaron repetidas veces para asegurarse de que los textos sagrados llegaran a las nuevas generaciones con la mayor pureza posible (• Texto del Antiguo Testamento). Tal fue la importancia de los escribas durante el cautiverio, que cuando Israel regresó a Palestina, la figura preponderante de la nueva época era el escriba • Esdras.

Si bien los escribas en un principio descendían de sacerdotes, pronto llegaron a formar una clase aparte y comenzaron a chocar con aquellos. Este conflicto se agudizó durante la época de los • Macabeos, cuando los escribas se oponían a la tendencia de los sacerdotes de colaborar con las presiones helenizantes del exterior. Por tanto, los escribas eran vistos como paladines de la obediencia a la Ley y de la integridad de la cultura hebrea. Elaboraron el culto de la • Sinagoga y algunos servían en el Sanedrín (• Concilio).

Por otra parte, en sus intentos por hacer la Ley claramente aplicable a problemas cotidianos (de allí su nombre «legistas» o «doctores de la ley») los escribas cayeron a menudo en un legalismo extremo. Entonces se dedicaban a discutir si era lícito comerse un huevo que una gallina pusiera un Sábado y otras cuestiones del mismo tenor. En esta tendencia coincidían con los • Fariseos, a cuyo partido parece haber pertenecido la mayoría de los escribas. Hay, sin embargo, algunos indicios de que no todos eran fariseos (por ejemplo, Mc 2.16); se discute si había escribas Saduceos también.

En el Nuevo Testamento, los escribas aparecen a veces como villanos cuyo interés es probar a Jesús planteándole preguntas comprometedoras. Pero algunos escribas eran dignos de admiración y al menos uno quiso seguir a Jesús (mt 8.19).

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Sinagoga


Sinagoga: (en griego, concurrencia, asamblea). Término que se aplica tanto al lugar en que se reunían los judíos para leer y estudiar las Escrituras, como a la asamblea misma de los allí reunidos (cf. la gravedad de ser excluido de la sinagoga, jn 9.22; 12.42; 16.2), tal como nuestro término «iglesia» se refiere tanto al edificio como a la congregación. Fuera de la Tierra Santa se empleaba otro término, que quería decir «oración». Pero, puesto que en Roma el término sinagoga era el más común, se adoptó en los diversos idiomas europeos.

Acerca de los orígenes de la sinagoga, los eruditos no están de acuerdo. Naturalmente, en el judaísmo antiguo se centraba la vida religiosa en el Templo, y no había necesidad de la sinagoga. Más tarde, especialmente debido a la • Dispersión, surgió la sinagoga en forma paralela con el templo. Después de la destrucción del templo (70 d.C.), la sinagoga pasó a ocupar el centro de la vida religiosa judía. Hasta aquí todos están de acuerdo.

Donde difieren las opiniones es en lo que se refiere al momento y el lugar exactos en que apareció la sinagoga. En términos generales, hay cuatro teorías acerca del origen de la sinagoga:

1. Puede haber surgido durante el cautiverio en Babilonia, cuando los judíos, desprovistos de la oportunidad de adorar en el templo y de ofrecer los Sacrificios, se reunían para estudiar sus tradiciones y las Escrituras.

2. Es posible que la sinagoga haya surgido durante el período persa, cuando las actividades de • Escribas como • Esdras proveyeron un ambiente propicio para el estudio de las Escrituras, actividad característica de la sinagoga.

3. Otra posibilidad es que se haya originado en • Alejandría, donde los judíos llegaron a contarse en número considerable.

4. Otros eruditos han sugerido que la sinagoga haya surgido en la misma Palestina, como supervivencia de los antiguos centros regionales que cumplían funciones religiosas a la vez que cívicas.

Sea cual fuere su origen, es importante notar la diferencia entre el culto de ella y el del templo. En la sinagoga no se ofrecían sacrificios, como en el templo. Su culto consistía en la lectura y el estudio de las Escrituras y en la oración. Mientras existía el templo, este se consideraba siempre el centro religioso de los judíos, y las sinagogas como lugares secundarios de estudio. Sin embargo, en la misma Jerusalén había varias sinagogas (hch 6.9), y por tanto no ha de pensarse que la sinagoga existía solo donde les era imposible a los judíos asistir al culto en el templo. Por el contrario, su función específica como lugar de enseñanza y estudio era requerida dondequiera que hubiera una comunidad judía.

Era importante, no solo para los mayores, sino también para la juventud. Al parecer, los niños más pequeños comenzaban el aprendizaje en casa de los maestros, leyendo pequeñas porciones de las Escrituras. Pero tan pronto como estaban listos para leer los textos más extensos, pasaban a estudiar en la sinagoga, quizás en una habitación contigua. Allí aprendían a leer las Escrituras en voz alta, para poder participar individualmente como lectores públicos en los cultos, y aprendían además la interpretación esencial de los pasajes.

En cuanto al lugar de las mujeres en el culto de la sinagoga, aunque esto no está probado, al principio al parecer estaban excluidas. Sin una asistencia mínima de diez hombres, el núcleo de adoradores judíos tenía que reunirse a la orilla de un río (hch 16.13). Más tarde se introdujeron divisiones dentro de los edificios, para que las mujeres asistieran sin mezclarse con los hombres. En esto se reflejaba quizás el deseo de imitar al templo, fenómeno que fue apareciendo según la institución de la sinagoga cobró fuerza, y el partido de los • Fariseos fue imponiéndose por encima del de los • Saduceos. Frente a esta tendencia visible tanto en la arquitectura como en la liturgia, los elementos más conservadores de Jerusalén respondieron con una oposición decidida. Esto dio origen a reglas sobre la construcción de las sinagogas, que, por ejemplo, prohibían imitar la arquitectura del templo. Pero la posición de los conservadores estaba destinada al fracaso, pues con la destrucción del templo la sinagoga quedó como único centro religioso de un judaísmo cada vez más disperso. En los grandes centros de población (por ejemplo, Jerusalén, hch 6.9, y Roma, donde los arqueólogos han hallado 13 sinagogas) varias agrupaciones de judíos montaron independientemente sus sinagogas.

La sinagoga era una institución laica. Ni los jefes (hch 13.15), ni su presidente el • Principal de la sinagoga (en griego, arjisynagogos), eran sacerdotes o fariseos necesariamente. Tampoco lo era el • Ministro (en griego, hypéretes), que velaba por el orden del culto (Lc 4.20). La lectura y la explicación de las porciones asignadas de la Ley y de los profetas (cf. Lc 4.16–20; hch 13.14–48) no eran prerrogativa de ningún partido religioso. Cuando los cristianos primitivos celebraban sus cultos, una de las mayores influencias fue la liturgia de la sinagoga.

Como centro de propaganda monoteísta, la sinagoga difundía las ideas del Antiguo Testamento y creó un grupo de • Prosélitos y semiprosélitos (• Temor de Dios) que resultó ser un campo fértil para la evangelización.

Pablo y otros misioneros solían dirigirse primero a la sinagoga de la ciudad donde querían establecer la iglesia de Cristo (por ejemplo, hch 13.5).

Bibliografía:

DBH, col. 1866–1868; EBDM VI, col. 718–722; J. Sch

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Esenios


Esenios: Grupos de judíos sectarios que se apartaron de la corriente principal de la vida judía; florecieron ca. 150 a.C. hasta 70 d.C. Josefo los nombra, con los Fariseos y los Saduceos, como la tercera «filosofía» en el judaísmo del siglo I. Con él, Filón y Plinio el Mayor son los únicos historiadores contemporáneos que nos han dejado descripciones de las prácticas y creencias de las comunidades de los esenios, bastante diversas entre sí. Pero el descubrimiento de rollos que guardó una secta, que casi todos identificaban como esenia, en las cuevas de • Qumrán, ha permitido verificar los datos aportados por los historiadores.

Después de la guerra de los • Macabeos, triunfó el separatismo (observancia estricta de la Ley Mosaica) entre los tres partidos: saduceos, fariseos y esenios. Estos últimos, antes del 76 a.C., rompieron con los demás y criticaron su laxitud. Luego, protegidos por Herodes el Grande, realizaron campañas de misión y fundaron comunidades en casi todos los poblados de Judea. Sus seguidores ascendieron a unos cuatro mil, pero los grupos individuales, que vivían por lo general en guetos o en las afueras de los pueblos, no pasaban de doscientos miembros. La guerra con Roma (66–70 d.C.) acabó con estas comunidades. Los sobrevivientes se habrán integrado en las distintas agrupaciones judeocristianas y judías.

Los esenios se consideraban como el Pueblo escatológico de Dios, el de un nuevo Pacto. Extremadamente escrupulosos, creían que su cumplimiento de la Ley traería la intervención divina, en forma de guerra, que pondría fin al mundo. Por tanto, para la admisión a la secta se requería un noviciado de dos o tres años, la renuncia a la propiedad privada, en muchos casos al matrimonio y un juramento de obediencia incondicional a los superiores. Una vez aceptado, el nuevo miembro trabajaba en agricultura, artes manuales, etc., pero sobre todo se dedicaba al estudio de las Escrituras y participaba en las discusiones comunitarias. Abluciones diarias y exámenes de Conciencia garantizaban su pureza Levítica.

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Tárgumes


Tárgumes: (en hebreo, interpretación, traducción). Paráfrasis en arameo de una porción del Antiguo Testamento. Puesto que después del cautiverio babilónico el arameo llegó paulatinamente a reemplazar al hebreo como la lengua materna del Pueblo judío, las Escrituras no eran comprensibles en su idioma original. Para que el hombre común tuviera acceso a la Palabra escrita, se inició en la Sinagoga (en una fecha difícil de precisar) la costumbre de leer la Ley en hebreo y dar luego la traducción al arameo. Posiblemente el inicio se relata en neh 8.8, donde «claramente» puede significar «con la interpretación». Sin duda, la costumbre estaba bien arraigada en las sinagogas antes del nacimiento de Cristo; Él y los apóstoles habrán oído siempre en esta forma la lectura bíblica.

De ser netamente orales, para que el asistente al culto pudiera distinguir entre la Escritura misma con su absoluta autoridad y la mera paráfrasis, los tárgumes adquirieron formas tradicionales que aprendía el traductor (llamado meturgueman). Finalmente se escribieron extraoficialmente. Por una ironía, sin embargo, el hecho de consignarlas por escrito condujo a su abolición en la sinagoga, ya que el arameo, como el hebreo anteriormente, evolucionó tanto que el dialecto targúmico se volvió muchas veces arcaico y difícil.

Algunos tárgumes escritos son de gran antigüedad; se ha descubierto uno de Job en la cueva 11 de • Qumrán. Otros datan del siglo II o III d.C. y abarcan todo el Antiguo Testamento menos Daniel, Esdras y Nehemías. Los más importantes son los del Pentateuco, aunque no están completos: el tárgum Onquelos y dos tárgumes palestinenses (Seudo-Jonatán y Códice Neófiti). Sobre los profetas existe el tárgum Jonatán ben-Uziel. Hay varios tárgumes anónimos sobre las distintas secciones de los Hagiógrafos. Mientras Onquelos es bastante literal y se atiene al original, Jonatán parafrasea mucho más, y Seudo-Jonatán solo usa el original como vehículo para los relatos populares que se aglomeraron alrededor de los personajes y acontecimientos bíblicos (• Talmud). Todos los tárgumes tienden a:

1.Evitar el empleo del nombre inefable de Dios, sustituyéndolo a menudo por el vocablo Memra (el Verbo).

2.Evitar en pasajes referentes a Dios el uso de los antropomorfismos y antropopatismos del original, para lo que se altera la estructura de la narración.

3. Armonizar los relatos paralelos y completar los que parecen escuetos.

Son útiles para el estudio de la hermenéutica judía y del arameo. Es posible, por ejemplo, que Neófiti refleje el dialecto preciso que hablaba el Señor Jesús.

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Mishnah


Mishnah: Ley oral que fue recopilada por el rabí Judá el Príncipe. La conforman las prescripciones rituales y jurídicas, éticas y religiosas de los judíos que dieron origen al • Talmud. Nació de la necesidad de concordar las prescripciones bíblicas con las exigencias de la época, a partir del regreso del cautiverio. Finalmente se añadió a todo esto la defensa de la Tradición contra la amenaza constante del politeísmo, originando una legislación nueva que se transmitía oralmente.

Esta ley oral comenzó a codificarse en el siglo I a.C. (Hillel). El rabí Akiba (ca. 110–35 d.C.), o un erudito anterior, hizo una colección completa de las leyes tradicionales, material que Judá el Príncipe usó, junto a otras secciones, para su edición de la Mishnah. El texto se presenta como las actas o resúmenes de una serie de discusiones en que cada rabino emite su opinión, sin que aparezca ninguna sentencia.

La Mishnah ha sido objeto de dos series de comentarios importantes llamados Guemará; han sido reunidos a la Mishnah en el Talmud jerosolimitano y el Talmud babilónico.

Principios y Códigos de la Mishnah

Los principios que rigen la Mishnah son tres: tema, orden bíblico y elementos artificiales, tales como los números. A su vez tiene seis códigos principales:

1. Agricultura (Zera’im): Se ocupa de las leyes agrícolas y los deberes religiosos en cuanto al cultivo de la tierra, así como el tributo de productos que debe entregarse a los sacerdotes, a los Levitas y a los pobres.

2. Festividades (Mo’ed): Establece las diferentes festividades del calendario religioso, la observancia del día de reposo, así como las ceremonias y Sacrificios que debían llevarse a cabo en esos días.

3. Matrimonio (Našim): Regula el matrimonio, el • Divorcio, el levirato (• Matrimonio), el • Adulterio y el nazareato (•Nazareo).

4. Derecho civil y penal (Neziqin): Comprende la legislación civil, diversas transacciones comerciales, los procedimientos legales y máximas éticas de los rabinos.

5. Derecho religioso (Kodašim): Decreta lo referente a los sacrificios, los primogénitos, los animales limpios e inmundos y una descripción del Templo de Herodes.

6. Purificaciones (Tohorot): Establece las leyes referentes a la pureza e impureza Levíticas, a las personas y objetos limpios o inmundos, y a las purificaciones.

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Saduceos


Saduceos: (צדוקים, tsedduqim o zadokitas y otras variantes) es el nombre que en hebreo alude a la descendencia del Sumo sacerdote Sadoq (ez 40:46,44:15), de la época de Salomón (1R 2:27,35), que a la vez significa “Justicia” o “rectitud”. Partido sacerdotal y aristocrático del judaísmo cuyas doctrinas y prácticas eran opuestas a las de los • Fariseos.

Su Origen e Historia 

Josefo se refiere por primera vez a los saduceos en Antigüedades XIII.x.5–7, donde describe la decisión de Hircano I (rey Macabeo de los judíos, 135–105 a.C.) de aliarse con ellos. De allí se ve que la secta existía antes de dicho reinado. Antes se pensaba que el nombre se había derivado del sacerdote Sadoc, contemporáneo de David y Salomón (2 S 15.27; 19.11; 1 R 1.8), cuyos descendientes eran considerados como la línea pura (cf. ez 44.15ss; 48.11) y los conservadores del sacerdocio hasta la rebelión de los Macabeos. Sin embargo, varias dificultades filológicas e históricas obligan a buscar otra explicación. T.W. Manson propone que la derivación del nombre debería encontrarse en la palabra griega, syndikoi, que significaba «autoridades fiscales» en el estado de Atenas desde el siglo IV a.C. En Israel también los saduceos controlaban los impuestos (• Sanedrín). Al principio los saduceos no eran un grupo religioso, pero con el tiempo, para defender sus intereses, apoyaron al • sumo sacerdote. Hasta la mitad del siglo I d.C. controlaban el sanedrín. Después, al serles quitado el poder secular, primero por los • Zelotes y después por los romanos, desaparecieron del judaísmo.

 Su Enseñanza

La mayoría de los • Sacerdotes de los primeros siglos (a.C. y d.C.) pertenecían a esta secta, aunque no todos los saduceos eran sacerdotes. Por lo general constituían un núcleo de personas altamente privilegiadas, por ejemplo, comerciantes ricos y funcionarios gubernamentales. Su actitud hacia las • Tradiciones de los padres se centró en el mantenimiento del culto en el Templo. Su interpretación de la Ley (aceptaban solo el Pentateuco como autoritativo) giraba alrededor de la ley ritual. Su actitud negativa hacia ciertas doctrinas del Antiguo Testamento se debía, en parte, a la tensión entre ellos y los fariseos, quienes las afirmaban. Acerca de su doctrina, Josefo (Antigüedades XVIII.i,4) afirma que «los saduceos enseñan que el alma perece con el cuerpo»; «niegan la continuidad del alma después de la Muerte». El Nuevo Testamento es más preciso: señala que los saduceos negaban la resurrección del cuerpo (Mc 12.18, 26; hch 23.8), y también la existencia de mediadores espirituales entre Dios y el hombre (hch 23.8). Además, para los saduceos, Dios era casi un «dios ausente» dado que «no puede ni hacer ni prevenir el mal». En cambio el hombre ejerce su libre albedrío para hacer el bien y el mal (Guerras II.xi.14). Su ideal político era el estado teocrático encabezado por el sumo sacerdote. Por eso veían con sospecha la esperanza mesiánica que amenazaba con derrotar el orden social y político existente. La mayoría del Pueblo común los odiaba porque colaboraban con los romanos y sus reyes títeres, porque introdujeron y permitieron algunas costumbres que no eran judías y porque se comportaban entre el pueblo con arrogancia (Antigüedades XX.x.1; Salmos de Salomón 4.2ss).

En el Nuevo Testamento

Varias veces los saduceos se aliaron con los fariseos en oposición a Jesucristo (Mc 11.18, 27; 14.43; 15.1; Lc 9.22). Sin embargo, el conflicto de Jesús con los saduceos se agudizó mayormente en la última semana de su Ministerio, cuando su popularidad entre el pueblo (Mc 12.12) parecía amenazar la paz de Jerusalén. En cambio el conflicto entre Jesús y los fariseos, debido a la influencia de estos entre el pueblo común, se advierte desde el principio de su ministerio. Los cristianos culparon a los saduceos y a los fariseos de la muerte de Jesús (jn 11.49ss; 18.3, 19ss). Fueron ellos los que más intentaron detener el creciente movimiento de la iglesia primitiva (hch 4 y 5; 22.5).

Bibliografía:

 EBDM VI, col. 345–350. H.J. Schultz, Jesús y su tiempo, Sígueme, Salamanca, 1968, pp. 95–109.

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Fariseos


Contenido

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  1. 1 Relación con otras Sectas
  2. 2 Enseñanza
  3. Jesús y los Apostoles’>3 Relación con Jesús y los Apostoles
  4. 4 Bibliografía:

Fariseos: farisaios, de una palabra aramea, peras (que se halla en dn 5.28), que significa separar, debido a una manera de vivir diferente a la de la generalidad de la gente. Secta de los judíos.

El nombre farisaíoi aparece por primera vez en el contexto de los reyes • Macabeos (ca. 150 a.C., Josefo, Antigüedades XIII.x.5–9). El equivalente hebreo perusim generalmente se entiende en el sentido de «separados» (por ejemplo, esd 6.21; neh 10.28s). Probablemente era un apodo impuesto por sus enemigos ya que los fariseos vivían apartados de lo impuro, es decir, del «Pueblo de la tierra» (jn 7.49). Ellos mismos preferían llamarse jeberim (compañeros), que revela algo de su organización. Como grupo particular, los fariseos lograron destacarse durante el reinado de Juan Hircano (135–104 a.C.), al oponerse al deseo de este de extender su poder político y militar. En el reinado de Alejandro Janneo (103–76 a.C.) la oposición alcanzó tal magnitud que este la suprimió brutalmente, crucificando a ochocientos de los líderes fariseos (Antigüedades, XIII. xiv.2). Cobraron nueva importancia bajo Alejandra Salomé (76–67 a.C.), pero pronto perdieron su influencia directa en la vida política del país. Quien intentó ganar su apoyo fue • Herodes el Grande, ya que solo se dedicaban a la vida religiosa, pero desistió ante las sospechas que aún mantenía, basadas en las rebeliones anteriores. Durante la vida de Jesucristo la mayoría de los fariseos practicaban la devoción religiosa y no participaban en la oposición creciente de los • Zelotes contra la ocupación romana. Por tanto, después de la destrucción de Jerusalén (70 d.C.), Vespasiano permitió que el rabino, Yohanán ben Zakkai, fundara una escuela en Jamnia; y, aun más, después del levantamiento de Bar Kokeba (135 d.C.), los fariseos llegaron a representar el judaísmo oficial. De esta fecha en adelante brotó la literatura rabínica (• Talmud; Misná; Targum; Midrás).

Relación con otras Sectas

Se acepta generalmente que los fariseos descendieron de los jasideos (devotos) que lucharon al lado de los • Macabeos por la Libertad religiosa (166–42 a.C.). Quizás derivaron del grupo de Escribas empleados por los jasideos (1 Mac 7.12ss). Probablemente ca. 100 a.C. los • Esenios se separaron de los fariseos por considerar que se acomodaban demasiado al ambiente político. Por su parte, los fariseos rechazaron la postura apocalíptica que habían adoptado algunos de los esenios en aquel entonces (• Qumrán). Los fariseos se distinguían de los • Saduceos por su interpretación de la • Ley y por su actitud frente al Antiguo Testamento. En cuanto a lo primero, los fariseos, cuyos representantes más importantes eran Hillel y Sammai (ca. 25 a.C.—10 d.C.), se oponían como laicos a la aristocracia de sacerdotes profesionales. Lograron una posición poderosa en el • Sanedrín durante el siglo II a.C. Los fariseos interpretaban las tres divisiones del Antiguo Testamento (Ley, Profetas y Escritos), adaptándolas, por medio de una serie de tradiciones (• Tradición) orales, a las necesidades cotidianas del pueblo. Los saduceos, por su parte, se concentraban en la interpretación de las leyes rituales, aplicándolas solamente al culto del Templo. Con la destrucción de este, desapareció su razón de ser y los fariseos surgieron con un poder único. La inmensa mayoría de los • Escribas eran fariseos y los términos son casi sinónimos. Es probable que la frase juanina «los judíos» se refiera principalmente a los fariseos.

Enseñanza

Los fariseos organizados en pequeñas comunidades, se dedicaban a la docencia y promovían el desarrollo de la religión de la • Sinagoga. Esto muestra su compromiso con la formación del pueblo sencillo en el conocimiento y práctica de la Ley de Moisés, que incluye la Torah oral. Además, emprendieron una labor proselitista entre los gentiles (mt 23.15). Diferían de los saduceos principalmente en su aceptación del concepto de la inmortalidad. Creían en la inmortalidad del alma, lo cual implicaba la resurrección del cuerpo (hch 26.8), y en la existencia de ángeles y espíritus. Recalcaban el uso de la razón en la comprensión del deber religioso. Esto los llevaba a una concepción de la soberanía de Dios que incluía la fatalidad.

Los fariseos se proponían alcanzar una perfecta obediencia a la Ley de Moisés tal como la interpretaba la tradición oral (Mc 7.13). Su enseñanza era primordialmente ética y práctica, no teológica (• Diezmo; Sábado).
Jesús y los Apostoles’>

Relación con Jesús y los Apostoles

A diferencia de los esenios y los zelotes, los fariseos aparecen a menudo en los libros del Nuevo Testamento. Generalmente los encontramos opuestos a Jesús (Mc 2.6; 3.6; 7.1ss; jn 5.10; 6.41; 7.45ss; 9.13ss, etc.) quien, igual que Juan el Bautista, denunció su hipocresía (mt 3.7ss; 5.20; 6.5; 9.13; 12.7; 16.6; 23.1–36, • Hipócrita). Jesús rechazó la autoridad excesiva que ellos otorgaban a la Ley oral. Sin aceptar incondicionalmente el juicio favorable de Josefo sobre la secta, sería falso concluir de los Evangelios y Hechos que todos los fariseos se oponían al mensaje y Ministerio de Jesús. Es probable que fueran fariseos los que esperaban la consolación de Israel (Lc 2.25, 38; 23.51; 24.21). Varias veces Jesús tuvo encuentros amigables con ellos (Mc 12.28ss; Lc 7.36; 13.31; 14.1; 18.18ss). Varios fariseos creyeron en Él y fueron bautizados (jn 3.1ss; 7.50s; 8.31; hch 6.7; 26.5), entre ellos el más famoso fue Saulo de Tarso (hch 9.1–18; Flp 3.5). El maestro de Saulo, • Gamaliel, que defendió a los apóstoles (hch 5.34–39) fue nieto del rabino Hillel.

Bibliografía:

EBDM III, 451–455. DBH, Col., 684s. IB II, pp. 85–89. VTB, pp. 284ss.

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Gamaliel


Gamaliel: (en hebreo, recompensa de Dios).

1. Hijo de Pedasur, de la tribu de Manasés, escogido para ayudar a Moisés a levantar el censo de Israel (Nm 1.10; 2.20; 7.54, 59; 10.23).

2. Hijo de Simón y nieto de Hillel. Célebre fariseo, doctor de la Ley y miembro del Sanedrín. Representante de los liberales en el fariseísmo (la escuela de Hillel era opuesta a la de Shammai), Gamaliel intervino con un razonable consejo en el Concilio convocado contra los apóstoles y salvó a estos de la Muerte (hch 5.33–42). Por su sabiduría y tolerancia notables, fue considerado uno de los • Fariseos más nobles. Fue el primero en llevar el título «Rabbán» (que significa, nuestro maestro) en vez de «Rabí» (que significa, mi maestro). El apóstol Pablo consideró un gran honor el haber sido uno de sus discípulos (hch 22.3). El Talmud dice que con la muerte de Gamaliel «cesó la gloria de la Ley y la pureza y la abstinencia murieron juntamente con él». Una Tradición cristiana consigna la conversión de Gamaliel, pero esta es irreconciliable con la estima y el respeto que los rabinos profesaron a este maestro aun en tiempos posteriores.

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